Estos días he divulgado la tartamudez en los medios de comunicación

El pasado jueves, 22 de octubre, se celebró el Día Internacional del Conocimiento de la Tartamudez, una efeméride destacada para aquellas personas que estamos afectadas por esta anomalía en la expresión oral.

En sintonía con ello, escribí una carta al director con el objetivo de que fuera publicada en ciertos diarios de nuestro país. Y, a la postre, no sólo el texto fue publicado, sino que tanto en La Vanguardia, en El Periódico como en El Punt Avui mi escrito se ha posicionado como la carta al director del día, en los tres casos destacada y enmarcada.

Sin duda, el propósito de la carta era divulgar el trastorno del habla que nos acompaña a, como máximo, un 2% de la población, pero sobre todo concienciar y sensibilizar al mayor número de gente posible. Y creo, sinceramente, escuchando el montón de opiniones entusiastas que me han caído, que el texto fue bastante acertado.

En el supuesto de que no hayáis leído la carta, os la muestro. Espero que os guste. Es la siguiente:

Burlarse de una persona con tartamudez es cruel, inhumano, casi un acto salvaje y despiadado. Y hacerlo sin compasión, con un ímpetu enfermizo, es digno de la máxima repulsa.
Hay que decir que un sinfín de personas tocadas por este trastorno, que afecta a un 2% de la población adulta y está caracterizado por las repeticiones e interrupciones involuntarias en la emisión de las palabras, ha sufrido a escondidas. De hecho, todo lo que rodea la tartamudez, con excesiva frivolidad, ha sido visto como una anormalidad.

No podemos menospreciar que en el habla se encuentra una parte relevante de nuestra identidad. Esta conjetura, ciertamente, conlleva que una persona con una expresión oral laberíntica tenga una autoestima poco estimulante. Así, es bastante común que una multitud de sentimientos negativos como el miedo, la ansiedad, la frustración y la vergüenza sean frecuentes. De hecho, con el objetivo de evitar que la disfluencia se convierta en crónica es altamente aconsejable la prevención infantil, también en las escuelas. El tartamudeo, en un estadio inicial, todavía lo podemos hacer desaparecer.

Sin embargo, con una fuerza de voluntad notable y una ayuda exterior franca y razonada, se puede debilitar este impacto a cualquier edad. Aquí, el papel de las asociaciones es bien válido. En Cataluña, tenemos Atcat, que en un entorno pensado para nosotros pone a nuestro alcance diferentes acciones para ayudarnos en este camino hacia la superación y el autoconocimiento.
Es cierto que nuestra habla deviene singular, pero es la hora de manifestar que, en definitiva, sólo hablamos diferente, no mal. Simplemente, diferente.

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