Si las personas disfémicas no pensamos en nuestro trastorno, nos expresamos con fluidez

El título de esta nueva entrada en el blog es tan cierto como bien explícito. Así, en el supuesto que vamos a hablar con alguien o ya lo estemos haciendo, es altamente probable que tengamos presente nuestro trastorno oral, independientemente del grado de tartamudeo que nos afecte ese día.

Es conveniente apuntar este dato porque la situación descrita es tan común como general. Es decir: las personas disfémicas pensamos en nuestra disfluencia una gran parte del día, por no decir, incluso, que en todo momento. Dicho de otro modo: se puede considerar este hecho como un síntoma más que evidente de la obsesión mental que afecta a numerosas personas con tartamudeo.

Ahora bien, en este contexto habitual, existe la posibilidad de que, del todo transitoriamente, no pensemos en la disfluencia. Entonces, tenemos bastantes números de expresarnos rítmicamente, sin embarullarnos lo más mínimo. De todo ello hay que sacar una conclusión relevante. Y es que la tartamudez tiene un componente psicológico notable.

Yo mismo, por ejemplo, es corriente que disfrute de eventos relacionados con mis pasiones que me hagan olvidar momentáneamente mi trastorno. Por ejemplo, y como gran seguidor de la meteorología que soy y que me condujo a publicar seis libros sobre el tema en el pasado, es habitual que ante un fenómeno meteorológico de primera magnitud me centre tanto en mi pasión que no tenga en la cabeza la disfluencia. O lo que es lo mismo: llevado por la emoción de una ventisca en la alta montaña, impresionado por una gran tramontana en el Empordà, esperando la llegada inminente de una tormenta o situado en primera línea de la costa observando olas de más de cuatro metros, mi tartamudeo pasa a un plano tan sencundario que, por la circunstancia de no pensar en ello durante unos minutos, se puede producir una mejora en el estado del habla que se puede prolongar unos días.

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