Probablemente está creciendo el respeto hacia las personas que, a veces, nos cuesta hablar

La escena inicial de la obra de teatro «El discurso del rey» es abrumadora. Sigue el hilo, concretando en este tramo del comienzo, de la película. Es decir: el rey Jorge VI queda mudo, sin poder expresarse, huérfano de palabras con un mínimo de fluidez, en el estadio de Wembley de Londres ante decenas de miles de personas. El rey no puede hablar. Las imágenes, debido a su dureza, golpean, conmueven, causan consternación y hacen sufrir con una fuerza similar a la de un vendaval feroz y endemoniado.

En el teatro Poliorama nadie se rió. Ni de lejos. Y estoy convencido de que el actor Iván Lastra no sacó ninguna sonrisa de ningún espectador. Ciertamente, la escena daba pavor. A mí, por ejemplo, me costó pasarla.

Creo que, en el teatro, en el transcurso de las dos horas de la obra, todo el mundo tuvo un comportamiento ejemplar, magnífico, para aplaudir con entusiasmo. Modélico, en definitiva. El respeto hacia el trastorno que acompaña a un 2% de la población fue cautivador. De aquellos que hay que recordar. En este sentido, la pregunta es clara: ¿un paso más hacia la normalización de las personas que, a veces, nos cuesta hablar? La respuesta se vislumbra altamente satisfactoria. ¡Un diez para todo el público!

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