¡Que bienvenidas fueron las máquinas de venta automática de billetes del transporte público!

El título de la entrada es bien cierto. Bastantes años atrás tenía que pasar por taquilla, forzosamente, para comprar un billete de tren o metro. La proliferación de las máquinas de venta automática en el transporte público debió ser bienvenida por más de una y más de dos personas con tartamudeo. Para miles, osaría afirmar. Yo, una de ellas.

Incluso, últimamente se ha generalizado las máquinas automáticas para comprar billetes de trenes regionales. Otra ventaja para nosotros. Eso sí: para larga distancia y la alta velocidad hay que pasar por taquilla. Y hablo de trenes, en la práctica, porque desde la infancia han sido una de mis grandes aficiones.

Por encima de los trenes, y los aviones también, mi gran pasión es el tiempo, la meteorología. Tanto que he publicado seis libros del tema, más tres de geografía. Y, en este sentido, hoy he vivido una jornada histórica, enmarcada para siempre.

En relación al título de la entrada, ayer por la mañana compré un billete de tren dirección Manresa en una de las máquinas de venta de la estación de Badalona. ¿Y, por qué, pues, me he de complicar la vida e ir a la ventanilla si lo puedo hacer automático? Seguro que la mayoría de personas disfluentes también lo piensan. Llegado a la capital del Bages, cogí un taxi en la estación para dirigirme a Artés, unos kilómetros al noreste de Manresa y uno de los puntos más tórridos de una ola de calor que me ha hecho disfrutar al máximo. Y en Artés, pasadas las cinco de la tarde, hacía 43ºC, uno de los valores más altos de la historia meteorológica catalana.

Nuevamente en Manresa, y bajado del autocar y aún con la emoción encima, fui a la estación de Cercanías. Pasé por la máquina de venta de billetes para comprar el de vuelta, aunque en la ventanilla había un muchacho bien simpático. En definitiva, y lo remarco: ¿por qué me tengo que complicar si lo puedo evitar?

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