Más allá de los tipos oficiales de tartamudez, hay tantos como personas afectadas

He ido remarcando, en entradas anteriores en el blog, que un 2% de la población no se expresa, a la hora de hablar, con fluidez. También, en uno de los primeros escritos os desglosaba los diferentes tipos de tartamudez que existen. Ahora bien, aunque las líneas maestras que exponen los especialistas son congruentes y están científicamente probadas, es cierto que, a la vez, podemos afirmar que hay tantas tartamudeces como personas afectadas. Este detalle, en la práctica, es significativo y conviene que entremos a comentarlo.

Los encuentros tan enriquecedores que hacemos los socios de la ATCAT, la Asociación de la Tartamudez en Cataluña, manifiestan muy bien este punto de vista. Así, hace poco, la secretaria de la asociación -una señora muy cordial que no tiene el trastorno, pero sí su hijo adolescente- vertió en el debate que teníamos una frase bastante elocuente. Afirmó: «escuchandoos, me doy cuenta de como cada uno de vosotros tiene una tartamudez diferente». De verdad: la secretaria evidenciaba esta declaración del todo convencida. Y tenía toda la razón del mundo.

Os tengo que decir que es frecuente que, cuando hablo con alguien que sé que tiene el trastorno, sea o no en los magníficos encuentros de ATCAT, presto mucha atención a las características y las singularidades que tiene mi interlocutor. Dicho esto, francamente, hace ya bastantes años que he percibido que mi tartamudeo no es del todo habitual. ¿Qué quiero decir?

La gran mayoría de afectados y de afectadas repiten sílabas y palabras enteras, pero, con más o menos irregularidad, pueden hacer un discurso para que las frases les salgan, aunque arrítmicamente. En mi caso, sin embargo, puede haber palabras o frases que, directamente, me cueste mucho poderlas pronunciar y, entonces, un hipotético discurso puede quedar roto o anulado. Esta es una diferencia que he constatado, a pesar de que lo que afirmaba la secretaria de la asociación es una realidad tan inapelable que sería perfectamente extrapolable juntando cualquier otro grupo de chicos y chicas, u hombres y mujeres, con señales claras de tartamudeo. Es decir: en el mundo, hay millones de tartamudeces diferentes; en el Estado, cientos de miles, y en Cataluña, decenas de miles. Cada uno de nosotros es, en este sentido, un ejemplo demostrable.

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