Antes de criticar el habla de alguien, asegurémosnos de que no tenga tartamudez

“Crackòvia” es un magnífico programa de TV3 que combina el humor y el fútbol y que se emite los lunes. Cabe decir que soy un admirador, y es muy habitual que los guionistas, los actores y los presentadores me hagan reír de lo lindo. “Crackòvia” ha sido todo un acierto de la televisión pública catalana.

Ahora bien, en la última emisión, hoy hace cuatro días, y en la sección que tienen que se llama “Mejor hablar en el campo”, se criticó la manera de expresarse de James Rodríguez, jugador colombiano del Real Madrid.

Es verdad que, normalmente, hay una cierta burla del hablar de los futbolistas, a los que, a menudo, se les acusa de poca cultura y de expresarse pobremente. Sin embargo, James Rodríguez es un chico tartamudo, y este detalle, al menos lo espero, se les debía pasar por alto los guionistas.

De aquella escena, y a la vez de la sorpresa que me llevé, saqué una conclusión que querría decir bien alto. Y es que, en mi opinión, antes de criticar el habla de una persona cualquiera, es necesario asegurarnos de que no sufra un trastorno, particularmente en el caso que nos ocupa, el tartamudeo. Es decir: nos podemos dar cuenta de que alguien nos habla despacio, que alguien nos parezca que está nervioso, otro que dé la sensación de que está tenso, otro que nos lleve a pensar que tiene un mal día, u otro, que piensa demasiado lo que dirá. En la práctica, los menciono como ejemplos, pero es perfectamente posible que nos topemos con una persona que, en el momento de querer decir lo que quiere decir, reúna alguna de estas peculiaridades. Démosle tiempo. Dejémosle hablar. Esto nos hará más humanos. Más sensibles y más solidarios. Quizás tenga un trastorno del habla. Quizás tenga tartamudez.

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