Es poco habitual, pero el tartamudeo puede aparecer en edades adultas

Es sabido que el tartamudeo, en una inmensa mayoría de los casos, surge en la infancia, particularmente durante los estadios iniciales del desarrollo del lenguaje. Esta circunstancia, a la postre, es la más común, y de ejemplos encontraríamos a montones. Ahora bien, en algunas personas puede aparecer, por primera vez, mucho más tarde; es decir, avanzada la juventud o, incluso, en edades adultas, lo que representa una minoría en medio de la minoría que, propiamente, somos los afectados de tartamudeo.

En dos de los encuentros que, en los últimos tiempos, hemos hecho los socios de ATCAT, la Asociación de la Tartamudez de Cataluña, he visto el caso de dos personas que pueden confirmar esta realidad, probablemente bastante menos conocida, pero que hay que resaltar. Así, uno es socio de la Fundación Española de la Tartamudez, y el otro, socio de la misma ATCAT. Ambos chicos, u hombres jóvenes podríamos decir, comprobaron como la tartamudez entraba en sus vidas en torno a la treintena, y sin asociarlo a eventos traumáticos, como se podría suponer.

Con estas palabras, es evidente que no pretendo atemorizar, o al menos inquietar, a ninguna persona fluida, considerando lo que apuntaba líneas atrás. Se trata de una minoría entre una minoría, aunque es indiscutible que se haría necesario, en este contexto hipotético, intentar adaptarse. En la práctica, pasar de expresarse con una fluidez total a empezar a embarullarse es un cambio que conviene no menospreciar.

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