Las personas afectadas, ¿cuál es el recuerdo más lejano que tenemos de nuestra tartamudez?

No es infrecuente que, en el transcurso de nuestras vidas, las personas afectadas de tartamudez, en el supuesto que nos hubiera aparecido durante la niñez, intentemos situar los primeros recuerdos en relación con el trastorno.

Expuesto este párrafo inicial, cabe decir que, en mi caso, los recuerdos más alejados en el tiempo vinculados de forma directa al desorden en el habla, me llevan al año 1981, y en concreto a un episodio concreto que ahora os comento.

De entrada, hay que resaltar, considerando que es un año mayor que yo, que mi prima Marta celebró aquella primavera la primera comunión. En la práctica, esta vivencia ya tan distante en el calendario que vivió Marta, hoy una sólida madre de familia, representó el punto de partida muy notable de la angustia y el estrés que me acabaría comportando la disfemia. Así, me inquietó profundamente que tanto ella como todos sus compañeros, ubicados en el altar mayor de la iglesia badalonesa de Sant Josep, tuvieron que dirigir cuatro palabras a la multitud de asistentes reunidos. Este precedente me puso, de verdad, en un estado de alerta de proporciones desconocidas. ¡Y tan sólo tenía 8 años! Y quedaba un año justo para mi posible intervención en público en Sant Josep.

Por tanto, pues, realizando un ejercicio práctico de memoria histórica, el citado es el trance más antiguo relacionado con la disfluencia del que, propiamente, tengo conocimiento. Y aún más: si con 8 años ya era bien consciente del trastorno y se me planteaban un cúmulo de interrogantes y un tormento bastante ostensible, se olía -aunque, en definitiva, el domingo de la comunión no nos obligaron a dirigirnos al público- un futuro teñido de negro. En cualquier caso, hay que decir que el grado de tartamudez durante la infancia, si bien era bastante indisimulable, nunca adquirió una intensidad disparatada; la moderación aún se imponía. Sin embargo, a partir de entonces, no obstante, la vida me quedaría condicionada hacia peor.

1 Comment

  • Hola, me llamo Yamil Ernesto Sandianes Diaz, tengo 48 años y nací en La Habana, soy tartamudo y recuerdo serlo desde mi niñez, realmente no es muy severa, incluso casi desaparece en ciertos períodos, y no puedo afirmar si son períodos de tranquilidad o desorden, pues sucede en ambos inclusive. En otros momentos se hace presente de forma casi insoportable. Sí, he sufrido burlas que han limitado mi desempeño o que me han inhibido de hacer cosas que en otras circunstancias hubiera hecho. Por otra parte, esa limitación me ha hecho crecerme en otras tantas ocasiones, y la más importante fue cuando decidí estudiar derecho, me gradué de abogado y he ejercido en Cuba durante 23 años. Que ha habido momentos difíciles, es verdad, que he tenido muchas satisfacciones, también, entonces, no dejemos de luchar y de intentarlo.
    De hecho, los tartamudos tienden a ser personas inteligentes, pues esa limitación obliga a enriquecer nuestro vocabulario, al tener que encontrar sinónimos en milésimas de segundo para poder expresar nuestras ideas con el menor bache posible, leer es una buena herramienta.
    Entonces suerte y sigamos intentándolo, vivamos nuestras vidas sin complejos, mi correo es sandianesdiaz@gmail.com.

    Un aaaabrazo ggrande.

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