Debemos hacer el esfuerzo: hay que hablar con naturalidad de la tartamudez

“Terrícolas” es un magnífico programa de entrevistas de Barcelona Televisión. Uno de los invitados de la semana pasada fue el prestigioso escritor Jordi Sierra i Fabra, que es uno de mis favoritos debido a la admiración que siento por él.

Aparte de escucharlo con suma atención, como siempre, me sorprendió muy gratamente la franqueza con que se expresaba acerca de su tartamudez. En efecto, Jordi Sierra i Fabra no sólo es el autor con más libros publicados en el Estado -más de 400-, sino que, además, es tartamudo, aunque hay que puntualizar que su tartamudez es bastante moderada.

Lo que pretendo resaltar en este texto, por encima de todo, es que, de verdad, tenemos que intentar hacer el esfuerzo para hablar de nuestra disfluencia o de la de alguna persona cercana, con la misma naturalidad y espontaneidad que mostró el escritor en “Terrícolas”, de quien es probable que más de un telespectador quedara sorprendido, en positivo, de sus palabras.

Por lo tanto, exteriorizando el trastorno sin dramatismos y alejándolo de una visión particularmente pesimista y asfixiante, es evidente que haremos nuestra aportación con el objetivo de relativizar lo que significa ser disfluente.

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