¿La tartamudez aporta más cosas buenas o malas?

En el último grupo de autoayuda organizado por la ATCAT, la Asociación de la Tartamudez de Cataluña, en un encuentro al que asistí, su presidente nos preguntó a los que estábamos allí si la tartamudez nos había aportado más cosas buenas o malas. La respuesta, como era previsible, fue unánime.

Tengo que decir que, con la pregunta recién hecha pero sin tiempo para responder formalmente, nuestras caras fueron de lo más elocuentes. No había ninguna duda. Incluso, una mayoría representativa afirmó con una rotundidad total que el tartamudeo no les había traído nada bueno, aunque fuera un mínimo entre mínimos. Es bastante claro que esta situación plasmaba de lleno la vertiente oscura de la disfluencia.

Desconozco si con un tono irónico o verídico, hubo alguno que destacó que el certificado de discapacidad, con las ventajas que conlleva, como escribí la semana pasada, es el único hecho positivo de su condición de disfémico.

Por otra parte, considero que, en un hipotético sondeo entre todos los disfémicos, los resultados se habrían podido extrapolar fácilmente. A modo de conclusión: la tartamudez, como tal, es sufrida a menudo como una carga pesada y molesta, aunque, con una fuerza de voluntad más que considerable y con una ayuda exterior franca y razonada, se puede debilitar este impacto negativo que desanima a un alto número de afectados.

1 Comentario

  • Definitivamente la tartamudez aporta más cosas malas que buenas. Entre las cosas malas, en mi caso, se me hace difícil entablar nuevas amistades, no me ha permitido desarrollar conversaciones fluidas, ni expresar ideas o conceptos de manera clara y entendible, acentuada timidez, desinterés en aprender idiomas y otras cosas más, ni que decir de los exámenes orales.

    Pero entre las cosas buenas me llevó a desarrollar mi capacidad intelectual, de análisis y razonamiento, por cuánto al tener la limitación de preguntar al profesor de matemáticas o de física prefería pensar y pensar hasta entender lo que quería decir el profesor. Así también a tener una buena redacción, escribo mucho mejor que lo que hablo. Saludos desde Perú.

    Moisés cedrón.

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