¿Las personas con tartamudez somos discapacitadas?

Hasta hace poco, muy pocas veces me había preguntado si yo, como persona con un tartamudeo más o menos claro en función del día y las circunstancias que voy viviendo, me debo considerar discapacitado. Ahora bien, en los últimos meses, esta cuestión, aunque no me ha trastornado, me ha aparecido con cierta frecuencia. Dicho de otro modo: ¿las personas con tartamudez somos discapacitadas?

Francamente, creo que esta frase podría ser el eje de un debate. Por un lado, debo decir que, casi en todas las ocasiones que me lo he preguntado, no me he considerado discapacitado. A pesar de esta opinión, que es la mía y, por tanto, puede ser perfectamente distinta de la de otras personas afectadas por el trastorno del habla, es bien cierto que tengo que manifestar, para aquellos que no lo saben, fluidos o no fluidos, que existe la posibilidad, para nosotros, de obtener un certificado de discapacidad. No me sorprende y, sobre todo, felicito a quien lo haya puesto en marcha.

Para tener el certificado es imprescindible haber sido evaluado por un tribunal médico y pagar 450 euros. Sin embargo, quien lo solicita tiene todos los números de conseguirlo. Poseerlo, te da la oportunidad de tener ventajas y descuentos en múltiples aspectos.

Reconozco que, de momento, no es prioritario luchar para que me lo den. Mi idea de que, en principio, no me veo como discapacitado, me hace aplazar esta posibilidad. ¿Se trata de un aplazamiento transitorio o definitivo? No lo sé, pero un detalle es verdad: las personas con tartamudez que consideren que el carné les ha de servir para sacar, al menos, uma cosa positiva de la disfluencia, que lo obtengan. Sea como sea, la cuestión ni es superficial ni intrascendente: ¿somos discapacitados? Probablemente, en función de cómo cada afectado se observe a sí mismo.

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