¿Mi tartamudez ha incomodado o avergonzado a alguien?

Algunas veces me he preguntado si mi tartamudeo ha incomodado a algunas personas. Voy más allá: ¿las ha avergonzado, con la presencia de otra gente? ¿Qué se les pasa por la cabeza a mi familia y a mis amigos, cuando se me manifiesta un habla complicada?

En sintonía con la entrada anterior del blog, debo decir que ya hace bastante tiempo me afiancé en la idea de que había -y hay, todavía es vigente, aunque he observado en menor medida- un detalle bastante significativo que no me halagaba lo más mínimo de otras personas, incluso de mi entorno más cercano. Cualquier familiar, cualquier amigo, cualquier conocido, con una reiteración y recurrencia sin fin a lo largo de los años -a pesar de que, lo repito, ha ido a menos-, y particularmente desagradable era cuanto de más confianza era el interlocutor, bajaban la mirada en el momento de bloquearme. ¡Y tantas veces, incluso antes, cuando veían que estaba a punto de suceder! ¿Es esto normal? ¿Es lógico? Supongo que no os avergonzáis que vuestro hijo, hermano, sobrino, primo o amigo tenga un habla compleja, ¿verdad? Me aventuro a decir que no, que nadie lo percibe de esta manera. Y entonces, ¿porqué no habéis seguido, tantas veces, fieles a la mirada?

Es probable que en incontables ocasiones este grupo de personas -para mí, selectas y, por tanto, de una más que notable estima- hayan sufrido al comprobar que no salían las palabras con mucha normalidad. Incluso, fuera de este círculo tan íntimo de personas, tanta gente lo ha hecho. Francamente, me decanto por pensar que han actuado de esta manera con el objetivo de hacerme sentir menos presionado. Es decir: sin ninguna mala intención.

Relacionado con estos comentarios, quisiera nombrar a dos personas con las que, entre ayer y hoy, he hablado de mi tartamudeo varios años después de hacerlo por última vez, dos personas que han respondido con unas dosis de sensibilidad ingentes.

En primer lugar, ayer, en un encuentro casual con mi espléndida amiga Gloria -que, permitidme que os diga, es ex pareja mía y con la singularidad de que es con la única con la que tengo relación, y además, muy buena relación-, pero que nos llevó una buena charla, la chica soltó unos comentarios bastante elocuentes. Me comentó que «aunque, a veces, te embarulles hablando, la gente no te ve con peores ojos, ni te observa como un chico extraño, ni se muestran distantes; además, tú eres sociable y te gusta hablar». En segundo lugar, hoy, mi tía Montserrat, hermana de mi padre y madre de mis primos, ha dicho durante la conversación una frase que me ha llegado muy adentro. Ha manifestado, convencida de lo que decía, que «y tanto que pienso en tu trastorno de comunicación, como tú lo llamas». Nuevamente, ejemplos a añadir a la conducta excepcional que varias personas están mostrando cuando les cuento que el blog que estáis leyendo es ya una realidad.

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