¿La tartamudez: un tema tabú? ¡No!

Las palabras que estáis empezando a leer vienen a ser una segunda parte de la entrada del blog de la semana pasada. Así, considerando plenamente el estigma que, durante tanto tiempo, ha acompañado a la tartamudez y con ella a las personas que se veían afectadas, es conveniente resaltar plenamente que esta circunstancia tan deplorable provocara que, prácticamente, fuera un tema tabú. Es decir: una cuestión real, pero que era preferible arrinconar, hacerla y hacer a todos aquellos que la padecían invisibles. Con una frialdad impresionante, la tartamudez era observada como una anomalía.

Con la ayuda incuestionable que estas circunstancias van quedando felizmente superadas, es evidente que, de nuestra tartamudez, tenemos que hablar; o sea, no debemos guardarla en nuestro interior como un hecho oscuro que sería mal visto de exteriorizar. En este contexto, aprovecho para manifestaros que debéis abrir el corazón y los sentimientos. En una palabra: ¡hablad sobre ello!

Comentado esto, es una actitud coherente desahogaros con las personas de máxima confianza; familia, amigos o pareja pueden ser, perfectamente, vuestros interlocutores válidos. ¿Tenéis dudas? ¿Pensáis que evitarán el tema? Os puedo responder que difícilmente. Mi familia, mis mejores amigos y algunas de las parejas que he tenido han mostrado su aprecio escuchándome con suma atención y prestándome apoyo en aquellos días grises.

Es bien saludable, pues, que podáis, en el supuesto que os haya desalentado hasta ahora exteriorizar las vivencias vinculadas con el trastorno, superar este temor. Mi experiencia, de esta manera me hace pensar. Probablemente, os esperan cálidas y tiernas conversaciones con las personas de más estima. De hecho, creo que exponer con total naturalidad nuestro hablar nos hace más humanos, más cercanos a la gente que adoramos y, sin duda, nos puede significar un paso verdaderamente importante para recuperar y consolidar una autoestima que podría ser que, en algunas épocas, hayamos tenido devaluada.

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