A los amigos, se les puede hablar de la tartamudez

El sábado tuve una grata sorpresa. Después de asistir a la espectacular película «El hobbit. La batalla de los cinco ejercitos» junto a un buen amigo, Óscar, decidí comunicarle, una vez David, que también vino, se fue a su casa a dar un beso de buenas noches a sus criaturas entrañables, que había puesto en marcha un blog. Desde que lo estrené, en octubre, no había visto a Óscar; por tanto, lo mínimo que podía hacer era informarle de mi iniciativa. ¿Y cuál fue, pues, la sorpresa?

Mi buen amigo respondió con una satisfacción enorme. Incluso, mejor de la que yo había pronosticado. Su fisonomía tan abierta, atenta y positiva me encantó. En sintonía con ello, tal vez sería más lógico afirmar que Óscar es un amigo magnífico, más que, simplemente, un buen amigo. Su comportamiento fue espléndido. Por todo ello, se han reforzado en mis pensamientos la conclusión a la que llegué hace un cierto tiempo. Os la comento.

En el caso de que tengáis tartamudez, ¿no creéis que debéis hablarlo con vuestros amigos y amigas? Lo más probable, si realmente son personas que, humanamente, valen la pena, es que encuentréis apoyo, no indiferencia o incomodidad. Si la tartamudez os hace sufrir, explicádselo a los amigos de confianza. En serio. Abriros. El ejemplo que acabo de describir es muy significativo.

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