Un 2% de la población

En muchas ocasiones, los datos estadísticos no son más que simples números. Ahora bien, detrás de estos números hay numerosas enfermedades y trastornos que se pueden definir de minoritarios. Sin embargo, no por ello hay que menospreciar las personas que se ven desfavorecidas. En este orden de cosas, por tanto, ya podemos anunciar en voz alta, tal como es fácil constatar en nuestras conversaciones con los demás y en el día a día, que el tartamudeo es uno de esos hechos que tocan a un porcentaje bajísimo de personas.

De acuerdo con las afirmaciones anteriores, pues, se sabe a ciencia cierta que el 2% de la población padece tartamudez. A pesar de que, con este dato sobre la mesa, puede dar la sensación de que se trata de una disfunción de lo más minoritaria, es incontestable que, a veces, su impacto puede convertirse en fulminante.

Dicho esto, hay que decir que, aunque es conveniente subrayar que estadísticamente parece un problema muy puntual, o sea, que golpea a una parte casi ínfima de la población, queremos remarcar que la tartamudez afecta a personas de todos los países del mundo y de todas las lenguas. Por lo tanto, hay que decir que tanto en Cataluña -donde sumamos 120.000 las personas afectadas- como en España -unas 800.000- la tartamudez, disfluencia o disfemia y que altera fuertemente la comunicación verbal de la persona, suele diezmar la calidad de vida de quien la sufre. Y en medio de todo ello, hay que comentar que se ven afectadas muchas más personas del género masculino -en una proporción de 4 a 1- que femenino; tiene especial incidencia en los niños, y, ya durante la edad adulta, debemos advertir que su cura difícilmente es posible.

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