Hermanados por la misma particularidad

Invitado por su presidente, el pasado sábado asistí a la comida de Navidad de la Asociación de la Tartamudez de Cataluña, que, a su vez, estaba abierto a los miembros de la Fundación Española de la Tartamudez.

Este encuentro representaba el segundo que hacía no sólo en un solo mes de diferencia, sino, al mismo tiempo, en mis 41 años, con un grupo de personas afectadas por el mismo trastorno de comunicación que yo. Nuevamente, la experiencia fue sublime, magnífica, muy especial.

Permitidme que hable de varias personas que conocí y que mencione frases, de ellos, que me llegaron muy adentro. En primer lugar, resalto lo que comentó Jaime, que, de talante abierto, tenía muchas ganas de conversar. Convencidísimo, exclamó: “¡ser tartamudo es una mierda (perdonad la expresión)!”. Y fue más allá: “No me ha traído nada de bueno”. En segundo lugar, una agradable señora -no recuerdo el nombre-, que pertenece a la Fundación Española, nos hizo saber que “antes estaba acomplejada y creo que no me dieron un trabajo por ser tartamuda”. Ahora bien, hablaba con bastante fluidez. En tercer lugar, no me gustaría olvidar a Valentina, una chica rusa simpatiquísima con quien ya había coincidido en noviembre y que entiende perfectamente el catalán. Me comentó: “te leeré el blog”, detalle que me hizo ilusión. En cuarto lugar, y sobre todo, tengo interés en mencionar un chico que no llegaba a la treintena y con quien, debido a la buena sintonía que me desprendía, pasé una gran parte del encuentro, Adrià. Chico que me pareció introvertido, pero muy cordial y educado, me impresionó su mirada. Es posible que esté equivocado y sólo sea su timidez, pero me dejó clavada la sensación de que, Adrià, por culpa del trastorno, ha sufrido de lo lindo. Si tan sólo es tu carácter introvertido, disculpa que me haya equivocado, pero si mi percepción era cierta, te envío, desde aquí, Adrià, un fortísimo abrazo.

De hecho, las más de treinta personas que estábamos allí teníamos, aparte de algunas parejas que también vinieron, algo en común, una particularidad que nos hermana: que, como os contaba en un escrito anterior, no hablamos peor que las personas fluidas; simplemente, diferente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.