¿Por qué tartamudeamos?

De entrada, tengo que afirmar que, incluso hoy en día y con las numerosas investigaciones que se han hecho y se siguen haciendo, no se conocen con certeza las causas exactas que provocan el tartamudeo. Ahora bien, sí que ya se puede concluir que, probablemente, la razón sea multifactorial. O lo que es lo mismo: fruto de la mezcla de una serie de factores neurológicos, genéticos, piscológicos y sociales.

Así, aunque es conveniente subrayar nuevamente que con total exactitud no se conocen las causas, en parte porque la interrelación de todos estos factores dificulta las investigaciones, es verdad que se ha podido constatar el hecho de que el cerebro actúa de manera desigual en el supuesto de que la persona sea o no sea disfluente. Expuesto esto, hay que decir que se ha demostrado que las personas con tartamudez activamos algunas áreas del hemisferio derecho, justo a la inversa de las personas que se expresan con fluidez, que usan el hemisferio izquierdo. Además, otro estudio reciente ha puesto de manifiesto que en las personas con tartamudez se observa un error de percepción de los sonidos del habla. Por lo tanto, después de analizar un grupo de personas disfémicas, se vio que estas personas percibían de manera anormal estos sonidos, y que la respuesta cerebral no era correcta en relación a los estímulos auditivos fonéticos. Esta respuesta cerebral singular nos podría impedir hablar con naturalidad.

Prosiguiendo con otros estudios de los últimos años, es interesante señalar que se han descubierto tres genes vinculados con la continuidad de la disfluencia en personas de la misma familia; es decir, que es común que el tartamudeo se transmita de generación en generación. En la práctica, esta predisposición genética del trastorno -de la que, pues, bien pocas dudas quedan- hace que 2/3 de las personas afectadas tienen un familiar, directo o no, con los mismos síntomas. También, otra investigación indica que los niños que hablan dos lenguas en casa tienen más posibilidades de sufrir tartamudeo y de no curarse se posteriormente.

En suma, por tanto, la notable diversidad de teorías que se han divulgado y publicado del porqué de la tartamudez no ha encontrado, de momento, a pesar de los avances de los últimos tiempos, una total certeza ni una explicación consensuada.

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