Unas criaturas entrañables

Mis amigos de mayor confianza son Xavi y David. Tanto el uno como el otro, muchachos muy trabajadores, son casados y padres de un par de criaturas. Ahora os quiero hablar de los hijos de David, con quien me une una importantísima amistad desde los cuatro años.

Precisamente, os presento a Arnau y Laia porque la niña, hoy, hace siete años. En sintonía con este aniversario, he decidido detenerme a explicaros que, los niños, pueden darse cuenta del habla disfluente.

Nacido el 11 de marzo de 2004, siempre tuve presente, desde el primer día, que tarde o temprano, Arnau me haría algún comentario o, como mínimo, alguna cara de sorpresa al verme expresarme, en ocasiones, con ciertas dificultades. Este pensamiento lo veía como muy probable de hacerse realidad. Pero me equivoqué. Laia, con sólo seis años el pasado septiembre, y ante un bloqueo notorio mío, se rió. Risa, en todo caso, con la inocencia y el cariño con que lo hacen los niños de su edad.

Siendo testigo, rápidamente, su padre y su madre, Cristina, la riñeron. Yo quedé mudo. Mudo porque era la primera vez que los hijos de Xavi o David resaltaban mi trastorno. Así, en contra de mis pronósticos, Laia se había avanzado a Arnau. En cualquier caso, es evidente que, por ser como era un episodio esperado, no me disgustó. Arnau y Laia, son palabras mayores.

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