Unas experiencias inéditas

Los últimos días he tenido la oportunidad de conocer una serie de personas cualificadas que sufren el mismo trastorno de comunicación que yo. La experiencia, totalmente inédita, la he valorado no sólo interesantísima sino, al mismo tiempo, altamente reconstituyente.

El sábado tuve el placer -y lo digo de esta manera- de asistir a un encuentro de un grupo de autoayuda combinado de la Fundación Española de la Tartamudez y de la Asociación Catalana de la Tartamudez, creada hace sólo un par de años. Sus dos presidentes, presentes en la reunión, el señor Adolfo y Josep, respectivamente, eran personas abiertas, contentas y con una sonrisa casi permanente a pesar de las visibles dificultades a la hora de expresarse.

El señor Adolfo explicó anécdotas y vivencias diversas relacionadas con el tartamudeo. Un hombre educado, caballeroso y cercano que ha salido numerosas veces en los medios de comunicación y que, incluso, pronunció, años atrás, un discurso en el Congreso de los Diputados. ¡Mil aplausos para él!

Por otra parte, Josep prácticamente me recibió con los brazos abiertos. Un muchacho simpático y cordial que, como todos los que nos encontrábamos en aquella sala, incluidas dos chicas -y lo remarco porque ellas, en número de afectadas, son muchísimas menos-, hablábamos diferente; unos más rítmicamente, a otros les costaba más.

Por último, quiero agradecer firmemente la conversación telefónica infinitamente afectuosa que tuve la semana pasada con Yolanda, la vicepresidenta de la Fundación Española. Una chica valiente que, este mismo otoño, ha salido por una televisión de ámbito estatal, y una chica con un empuje innegable que no se avergüenza por ningún de lado de hablar diferente.

A vosotros tres, pues, y a los compañeros del grupo de autoayuda, desde la modestia de este blog, un fuerte abrazo.

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