“No te pongas nervioso”

Vale la pena destacar, en esta nueva entrada en el blog, que en el momento en que una persona tiene un interlocutor que se expresa visiblemente afectado por la disfluencia es muy conveniente tener una actitud del todo espontánea, de plena naturalidad. Es preferible, pues, que nos habléis de forma reposada y sin prisas, circunstancias que son especialmente recomendables en el supuesto de que la persona disfémica tenga bastantes dificultades para hablar con un mínimo de fluidez.

Además, quisiera también subrayar que hay un hecho que nos molesta bastante: que nos finalicéis las frases que el tartamudeo nos dificulta. ¡Error! Además, siguiendo en este orden de cosas, es del todo cierto que hemos tenido que compartir -las personas disfluentes- una breve pero de lo más representativa frase que es altamente desafortunada, la más incongruente de todas, y que nos molesta aún con más vigor que -como decíamos- los demás nos finalicen las palabras. En resumen: no te pongas nervioso”. ¡Cuántas veces lo hemos tenido que escuchar en nuestras vidas! No es que nos pongamos nerviosos, es que, nosotros, las personas disfluentes, hablamos diferente.

No son pocas, pues, las ocasiones, después de 37 años afectado de tartamudez, que alguien me ha dicho no te pongas nervioso” o “estás nervioso”. Estos comentarios siempre me han hecho más mal que bien. Dicho esto, pretendo incidir en un aspecto bastante relevante: estos comentarios, u otros de un estilo similar, los valoro como directamente nocivos. Dicho y hecho: una persona con señales evidentes de tartamudez y que recibe unas palabras como éstas o similares, tiene la percepción de que se siente fuertemente vigilada, intensamente escuchada; entonces, notamos una presión sobreañadida. Dejadnos hablar. Tranquilamente, aunque puede haber ocasiones en que necesitemos más tiempo para decir lo que pretendemos decir.

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