Cuando llegan las burlas

Burlarse de una persona con tartamudeo es cruel, inhumano, casi un acto salvaje y despiadado. Y hacerlo sin compasión, con un ímpetu enfermizo, es digno de la máxima repulsa. La mayoría de tartamudos hemos recibido actitudes ofensivas, en ocasiones demoledoras. Quien más quien menos de nosotros ha sido estigmatizado, como si fuéramos una anomalía en la sociedad. Estos comportamientos repletos de hostilidad pueden llegar a generar, en los casos agudos, profundas depresiones; como mínimo, un rosario de sensaciones de incredulidad y desconcierto exasperantes.

Reconozco que es, esta, la primera vez que escribo sobre el tema. Por desgracia, he vivido diferentes episodios. Pero, ¿y los chistes? No somos pocas -incluso, quizá todos hemos sido testigos- las personas que hemos escuchado chistes -bromas, si se puede decir así, totalmente injustas- en que una persona con tartamudez es el protagonista destacado. ¡Yo mismo lo he visto por televisión! ¿Cómo se llamaba aquel presunto -y utilizo esta afirmación con toda la intención- showman televisivo de los años ochenta y noventa? Arévalo, ¿verdad? No era agradable oírlo, y menos comprobar cómo el público reía a carcajadas. ¡Humillante!

Tomando el hilo de la etapa escolar, es importante remarcar que -al menos así me parece recordarlo- nadie se rió de mí. Ciertamente, todo un golpe de suerte. Eso sí, fuera del colegio me sentí insultado. “Tartaja” me espetó aquel chico que, con demasiada frecuencia y durante la adolescencia, se juntaba con la pandilla. Le respondí de manera contundente, y me dio un puñetazo.

Muchas personas, más ante un bloqueo -y sobre todo si va acompañado de un espasmo que recuerde un tic- que no ante un tartamudeo, han dibujado una amplia sonrisa. No afablemente, a modo de apoyo, sino, tal vez, pensando que bromeo. O, simplemente, no han podido aguantarse esa sonrisa tan sospechosa. Me ha sucedido y me sucede en un montón de ocasiones. Ahora bien, mi psicólogo afirmó que “son sonrisas espontáneas, no intencionadas, y por eso hay que diferenciarlo de reírse”. Francamente, creo que mucha gente, en un primer contacto, se ha extrañado de mi habla diferente. Tantas veces he visto caras de circunstancias … tantas veces me han mirado como si yo fuera un extraterrestre …

Sin embargo, es un hecho irrefutable que, en el caso de toparnos con una persona que se mofe intencionadamente de nuestra habla singular -no que sonría de manera espontánea, como os explicaba-, tenemos dos opciones. Una, educada, preguntar el por qué de esta actitud tan lamentable. La otra, a su vez, y sin disimular nada el enfado, nunca más volver a hablar con la persona que lo haga. Y no soy rencoroso.

Etiquetas del post
, , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.