Hablamos diferente, no mal

Apunto una pregunta, que a continuación intentaré responder. Veréis qué particularidades tiene, en un plano bastante detallado, mi tartamudeo -bien, todos aquellos que me conocéis bien lo sabéis.

Vale la pena distinguir -hagamos memoria de la entrada anterior- entre una tartamudez tónica y una clónica; así, mientras que la primera se acerca a aquellas personas que sufren interrupciones provocadas por bloqueos y espasmos, la segunda se centra sobre todo en aquellas que repiten sílabas y palabras. Más bien, las características de mi tartamudez me lleva a vincularla con el tipo tónico, aunque, de manera menos recurrente, con señales de clónica. En la práctica, pues, este resultado combinado me ha conducido a deducir que lo más adecuado es identificarla con una tartamudez mixta.

Para esquematizarla, os expongo, por tanto, los rasgos que, unos días más unos días menos, la evidencian. Los rasgos destacados los detallo a continuación: repeticiones de sonidos, de sílabas, de partes de palabras o, incluso, de palabras completas; prolongación de sonidos y sílabas; bloqueos y visibles esfuerzos para iniciar una frase o mantener el habla, y pausas y vacilaciones. Y yendo más allá: en las épocas en que el tartamudeo se ha mostrado álgido nada me alejaba de la idea de situarme en una fase de indisciplinada tartamudez, donde una serie de bloqueos acompañados de movimientos faciales bruscos -que pueden recordar, perfectamente, los tics- y de una acentuada tensión muscular, pero también las repeticiones y las prolongaciones, han formado parte íntegra de mi patrón de habla.

Es conveniente constatar que las particularidades de mi tartamudeo no sólo las evidencio yo. Es coherente afirmar y remarcar las veces que haga falta que somos miles los afectados, sólo en Cataluña, por el tipo mixto de tartamudez. Ahora bien, me gustaría afirmar que, prestando atención a las personas que más o menos conozco y que tienen, también, la disfluencia, he podido comprobar que predomina la variante clónica, o sea, aquella que exterioriza en especial las repeticiones de sílabas y palabras.

Sin embargo, pretendo apuntalar firmemente una idea bastante sólida y que hace tiempo que me ronda la cabeza. Así, a pesar de que nuestra habla sea singular y que no se parezca del todo a la del restante 98% de la población, es hora de manifestar plenamente que, en definitiva, sólo hablamos diferente, no mal. Simplemente, diferente.

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