¿Todos tartamudeamos de la misma manera?

Valorando el hecho que la tartamudez, que es del todo involuntaria, que no es una enfermedad ni es en absoluto contagiosa, es una alteración bastante visible desde la perspectiva del interlocutor, esta singular forma de expresarse se hace patente tanto con repeticiones de palabras o sílabas, o bien en forma de bloqueos. Y aún más: también puede exteriorizarse, conjuntamente, de las tres maneras. Y yendo más allá, también es plausible que se produzcan manifestaciones motoras de diversa índole; por ejemplo, y con el propósito de mencionar sólo tres, aunque destacadas, gesticular con los ojos, mover bruscamente la mandíbula o tener dificultades respiratorias.

Ahora bien, es conveniente detallar que se han distinguido tres tipos principales de tartamudez. En primer lugar, está la tartamudez clónica, que es la más conocida, aunque no quiere decir que sea la más habitual. Viene singularizada por visibles repeticiones de sílabas y / o palabras; en segundo lugar, existe la tartamudez tónica, donde las interrupciones involuntarias son causadas por bloqueos y espasmos más que por repeticiones; y, en tercer lugar, tenemos la tartamudez mixta, es decir, una mezcla de ambas y que representa el tipo principal entre los afectados por la disfluencia.

Pese a los tres tipos genéricos y principales desglosados, hay que anotar que, en función de su aparición, se pueden distinguir tres clases más. De entrada, la llamada tartamudez progresiva o de desarrollo, que es la más común y extendida, irrumpe durante la niñez y es la que podría convertirse en crónica si no se corrige, como máximo, en la adolescencia; también, la tartamudez psicogénica, que suele ser una consecuencia directa, en la edad adulta, vinculada a hechos traumáticos y que puede aparecer bruscamente; y, en tercera instancia -y como la anterior situada en un plano secundario en referencia al número de personas afectadas-, existe la tartamudez neurogénica, ligada a lesiones cerebrales y que, igualmente, surge de repente.

Una circunstancia significativa que no hay que pasar por alto es la desigual intensidad de la tartamudez. Afirmado esto, existen cinco grados que son interesantes de mencionar: tartamudez leve, esto es, aquella que se presenta en las personas que tartamudean o se bloquean en menos de un 5% de las sílabas; tartamudez leve a moderada, en el que se les hace visible el problema entre un 5 y 10% de las sílabas; tartamudez moderada, entre un 10 y 15%; tartamudez moderada a severa, entre un 15 y 20%; y, finalmente, tartamudez severa, donde la persona disfluente repite o se bloquea en más de un 20% de las sílabas. Y una nota complementaria: de los cinco grados, los más frecuentes son los tres primeros, y de todo esto que apuntamos hay que sacar una buena conclusión. Y es que partiendo de la premisa de que tartamudean de diferente manera, casi podemos decir que cada persona tiene -tenemos- un tartamudeo concreto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.